No, no quiero una hija perfecta

Al formar parte del club de madres, entramos a un mundo que busca la PERFECCIÓN. Desde la mejor marca de pañal, el mejor estilo de alimentación, hasta las formas de educar. Criar a un hijo es el proyecto más importante para toda madre y por la importancia del asunto lo queremos hacer BIEN.

Cuando te conviertes en mamá, tu corazón vive fuera de tu cuerpo. No hay cosa o persona que te importe más en el mundo que tu pequeñín o pequeñina. Florecen instintos que no sabíamos que teníamos y, por supuesto, que nuestra mejor versión se da a relucir.

Pero pasa también que de repente, por presiones tontas, nos preocupamos porque nuestros hijos destaquen en todas las actividades que realizan y los acostumbramos de tal manera que si no lo hacen, ellos están mal. Entonces (y sin querer) vamos creando niños inseguros.

Aquí también entra a tallar las mil y un comparaciones absurdas: ¿Tu hijo ya gateó? ¿Ya caminó? ¿Ya durmió solo? ¿Ya comenzó a hablar?

Recuerdo muchos MUCHOS comentarios de amigas, tías, etc.; en las que me preguntaban si mi hija ya había empezado a hablar. Que se está demorando. Que por qué no duerme sola en su cuarto, que después será imposible moverla. Sin darnos cuenta, las competencias absurdas empiezan a invadirnos.

Y así millones de comentarios desatinados, que a veces te sacan de tu eje y te mortifican. Se quedan en tu cabeza, dando vueltas y empiezas a pensar que algo estás haciendo mal. Todo ello repercute negativamente en ti. Te preguntas si realmente estás haciendo las cosas bien y es ahí donde caes en las comparaciones y te olvidas que el único objetivo de tu hijo es SER FELIZ.

Este tipo de situaciones SIEMPRE estarán presentes a lo largo de nuestra función como madres. Está en nosotras darnos cuenta que cada niño es diferente. Lo que le funciona a uno, no necesariamente le funciona al otro (no todos aprenden igual o al mismo tiempo, algunos se demoran más). Dejemos de lado las comparaciones tontas, les aseguro que nadie les dará un Oscar a la mejor mamá. Dediquemos tiempo a nuestros hijos para que se sientan queridos, contentos y sobre todo seguros de hablar de lo que les molesta.

Yo no quiero una hija perfecta, una hija sin pensamientos propios y que haga todo lo que mamá le dice cual robot. Yo quiero una hija que se equivoca, se cae y se levanta; una luchadora que sabe lo que es el fracaso y que se esfuerza cada día por brillar sin tener que apagar la luz de otro. No quiero una hija perfecta quiero una hija feliz. ¿Y tú?

Escrito por

Bienvenidos a Once upon a mom (OUAM), un diario personal en dónde mi hija Tiara y yo compartimos nuestro gusto por la moda y nuestro estilo de vida.

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